Juana Gallego

PRESENTACIÓN

SOBRE MÍ

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Acabé periodismo en 1981. Había dejado mi Málaga natal, mi familia y mis amigos para establecerme en Barcelona, una ciudad desconocida, a 1000 kilómetros de distancia, con un propósito incierto: poder, algún día, dedicarme a escribir. Mi vocación literaria había nacido muy pronto, quizás como un deseo de lograr el reconocimiento que no tuve en mis primeros años de vida. Por eso, cuando llegó el momento de estudiar, pensé que periodismo me podía ofrecer dos posibilidades a un tiempo: ganarme la vida y poder escribir. En aquellos años la Facultad de Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona era incipiente, por lo que necesitaba profesores, ayudantes y becarios. Tuve la suerte de obtener una de esas preciadas plazas, así que me quedé en el Departamento de Periodismo como ayudante y becaria (1982-1985) más tarde como encargada de curso (1985-1989) y, finalmente, como profesora titular (desde 1989 hasta la actualidad). Mi vida social se desarrolló en el ambiente feminista, colaborando con la revista Dones en lluita en sus dos épocas hasta su desaparición en 1983. Tuve mi primer hijo en 1984 y mi segunda hija en 1993.

He publicado muchos artículos en periódicos y revistas y he dado infinidad de charlas, conferencias y seminarios sobre Género y Medios de Comunicación, tema en el que se puede decir que soy una experta.

Premios

Premio de Narrativa Clara Campoamor (1985) por el libro de relatos La neurosis del domingo y otros relatos. Publicado por la editorial LaSal (Barcelona)

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Premio de Investigación del Consell Audiovisual de Catalunya (2000) por el trabajo titulado Mecanismos de transmisión de estereotipos de género en la prensa de información general, publicado con el título La prensa por dentro, Libros de la Frontera (Barcelona)

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Premio pioneras de la investigación en Género y Comunicación (2012) otorgado por la Associació de Dones Periodistes de Catalunya, (ADPC) por el trabajo titulado Prensa mara mujeres o el discurso de lo privado: el caso Hymsa, dirigido por Amparo Moreno y Mar Fontcuberta.

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Un derecho más, un pelo menos
Fecha 15 jun, 2013
Sí, a las mujeres nos ha salido muy cara la obtención de nuestros derechos, y aunque parezca mentira, la consecución de estos derechos es inversamente proporcional a la pérdida de pelo. Me explico. Seguramente a ninguna de ustedes les sorprenderá si les digo que hace mucho tiempo el cuerpo femenino estaba -como el masculino- cubierto de pelo y no sólo en la cabeza. Había abundante pilosidad en las axilas, en las piernas, las ingles y no digamos en el el llamado monte de venus. Una buena mata de pelo en la cabeza preludiaba una generosidad capilar en otras partes más ocultas del cuerpo, lo que hacía hervir las feromonas de unos y otras. Pero luego llegó la lucha por la igualdad, y pareciera que cada reconocimiento legal tenía que ir acompañado con un recorte piloso. Las mujeres se raparon a lo garçon, y dejaron de tener que cepillar aquellas interminables trenzas y rodetes que les daba la apariencia de la Dama de Elche, o de la más reciente princesa Leia en la Guerra de Disneyland. Pero después llegaron más derechos cívicos, y se tradujo en un recorte del vello de los sobacos. Cada dos por tres había que pasarse la maquinilla, primero, o ir al suplicio de la cera las más osadas e intrépidas, después. Levantar los brazos y mostrar una axilas pilosas te convertía en una apestada, una mujer dejada en la que no se podía confiar. Pero la guerra contra el pelo no se quedó ahí, sino que empezó a bajar peligrosamente por el cuerpo, empezando por las pantorrillas. Pero como los derechos a conseguir eran muchos había que seguir pagando tributos, que subieron amenazadores por los muslos, las nalgas hasta llegar a las ingles. ¡Dios santo, las ingles! Todavía me acuerdo de la feliz María José Cantudo enseñando sin rubor su césped púbico en La trastienda (1975) o incluso Ruth Gabriel su abundante alfombra en Días contados (1994). Pero la plena adquisición de derechos arrasó con el resto de pelo que nos quedaba, y así hace ya unos años que la moda es esquilmarse completamente el cuerpo de excrecencias pilosas. Y así hemos llegado a la situación de que los derechos femeninos nos han dejado calvas. Nuestra plena conversión legal en seres humanos nos ha convertido en muñecas hinchables, lustrosas, relucientes, impolutas. ¿Habremos pagado con nuestros pelos el tributo de nuestra libertad? ¿O tanto vello perdido no habrá hecho más que convertirnos en esclavas de la fotodepilación? No os preocupéis, queridas. Acabo de leer que se puede repoblar el pubis injertando el pelo de la nuca… Podemos volver a tener pelo en el coño al precio de tener que perderlo de la cabeza ¡Para ese viaje no necesitábamos alforjas!

Mujeres, negras y prostitutas
Fecha 5 jun, 2013
O sea, el último escalón de la pirámide social, las personas más vilipendiadas, odiadas, humilladas, despreciadas y violentadas. Mujeres fuertes, luchadoras, que son capaces de lo que sea para sacar adelante su familia, su vida, sus proyectos. Mujeres negras que aún llevan sobre sus espaldas el ignominioso recuerdo de la esclavitud, aunque nuestra sociedad, que se considera tan moderna, quiera hacer creer que no importa el color de la piel. Mujeres negras y prostitutas, que se rebelan contra el estigma que las ha perseguido y reclaman justicia en nombre de Ada contra un tipo que, como tantos otros, cree tener derecho a violar, torturar, apalizar o asesinar. Ya han salido las típicas voces de aquellos que dicen que era un loco, que estaba mal de la cabeza, que era un iluminado, todo con tal de no aceptar que la violencia de género subyace en este y en otros episodios. 22 mujeres ya han sido asesinadas este año por otros tantos supuestos locos. Esta violencia que se ejerce contra las mujeres, pero especialmente contra las más vulnerables, muchas de ellas sin papeles, con las familias lejos, en muchos casos vigiladas por proxenetas que viven a su costa.

Ya lo he dicho en otras ocasiones, no seré yo quien defienda la prostitución, esa actividad que mercantiliza la sexualidad en beneficio de los varones que no saben, no quieren o no pueden establecer otro tipo de relaciones sexuales que no sea mediante pago. Pero respeto profundamente a las prostitutas, con las que me solidarizo, a las que apoyo en sus reivindicaciones y a las que deseo puedan tener una vida digna. Si esas mujeres, negras y prostitutas han elegido ejercer la prostitución, todo mi respeto. Si no lo han elegido, toda mi comprensión. En un caso o en otro, también reclamo justicia para Ada, porque como mujer, como negra y como prostituta tenía todo el derecho a vivir. Basta ya de violencia contra las mujeres, blancas o negras, musulmanas o cristianas, coptas o hare krishna. Basta ya de supuestos locos y de aquellos que los justifican. 22 locos son muchos locos, y si están locos ¿por qué andan sueltos?

Las femi-nazis
Fecha 4 jun, 2013
Gracias a este Dios al que apelan todos cuantos ponen por delante la vida del nasciturus antes que la de la persona que lo ha concebido, el caso de Beatriz, la joven salvadoreña, se ha resuelto con una cesárea, una operación que ha revelado que el bebé era inviable fuera del seno materno. Pero ¿qué importa eso? Quienes defienden el derecho a la vida de los no-nacidos no van a aceptar nunca las opiniones de los que pensamos que primero hay que garantizar la vida y los derechos de los que ya estamos aquí. Por eso es inútil entrar en discusiones bizantinas y no soy yo quien va a intentar convencer a nadie. Soy una de esas a las que muchos tildan ahora de “femi-nazi” porque defendemos el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo; porque ponemos por delante la vida de las mujeres y sus deseos, aunque ello contradiga los deseos y aspiraciones de los hombres; porque decimos que los hombres han gozado de privilegios a los que de ahora en adelante van a tener que renunciar; porque creemos que la violencia de género es una práctica social tolerada a la que muchos representantes del género masculino creen haber tenido -y creen tener- derecho a utilizar como parte de sus prerrogativas. Nunca los hombres se habían sentido concernidos como grupo, porque han representado el todo, la humanidad, mientras las mujeres han sido sólo una parte. Pero ahora que el feminismo se ha extendido; ahora que sus postulados son asumidos por una gran mayoría de mujeres en todo el mundo aunque no se denominen feministas… ahora que los hombres son señalados como colectivo, como una parte de la sociedad y no como toda la sociedad entera… ahora se sienten amenazados porque las mujeres ya no les consideran superiores, ni les rinden pleitesía, ni los necesitan para sobrevivir ni para darles un nombre o una posición. Ahora las mujeres quieren mantener relaciones de igualdad, donde no sean más pero tampoco menos. Y para socavar este nuevo estado de conciencia de las mujeres nada mejor que inventar ese fantasma de las femi-nazis, que no es más que otro patético intento de no aceptar lo inevitable. Somos muchas las femi-nazis que ostentamos con orgullo tal título, y por mucho que nos insulten no nos vamos a dejar amedrentar.

Dejar un comentario | etiquetas: Beatriz, conquistas femeninas, derecho al aborto, femi-nazis, Feminismo, privilegios masculinos, relaciones de igualdad | publicado enAborto, Feminismo, Patriarcado, Sexualiad | EditarFemi

Los tontos del pueblo
Fecha 21 may, 2013
Los miembros de este gobierno son como los tontos del pueblo: personas a las que todo el mundo les deja decir lo que les dé la gana porque ya se sabe que no rigen bien. A nadie en sus cabales se le ocurre llevar la contraria a un idiota, no sea que se mosquee y te dé una coz, te pegue una hostia o te eche un escupitajo. Con personas con sus capacidades mentales mermadas todo el mundo se hace el desentendido. Pues con el gobierno (y en general con los responsables políticos) pasa igual: están echando un pulso a ver quién dice la majadería más grande. Yo digo que qué buena noticia es que los jóvenes mejor preparados tengan que emigrar. Pues yo tengo una noticia mejor, adelanta el otro, ya superamos los 6.000.000 millones de parados, yupii. Vaya, y ahora ¿qué hago yo para superar el listón? se pregunta un tercero: pues estropear la ley del aborto, que parece que hasta el momento funcionaba bien. Ji, ji, esto de ver quién hace o dice el disparate más gordo es muy divertido.

“Pues los escraches son fascismo puro”, tercia la repelente niña vicente para llamar la atención, que ella lo sabe de cuando estuvo internada en Mathausen..aunque para expectación la que generó su compañera con aquello de “no hay mejor medicina que la que cura las enfermedades”….un pensamiento filosófico de gran calado que ya expresó una niña de 6 años en un programa de televisión cuando observó que la peor enfermedad es morirse… y así, tacita a tacita, como un coro de oligofrénicos, van lanzando cada uno a su manera lo que mi madre hubiera denominado destartalos. Todo bajo la mirada inexpresiva y el silencio mortecino del Tonto Mayor, que, para acabarlo de rematar, se querella contra un periódico que se chiva de las travesuras que todos ellos han estado cometiendo durante años.

La diferencia entre los tontos del pueblo y los miembros del gobierno es que, para desgracia nuestra, los primeros no suelen tener a su cargo la llave de la caja fuerte, ni la reponsabilidad de repartir las cartas, ni la de representarnos ante nuestros vecinos. ¿Cuánto tiempo podremos aguantar sin rechistar ante los dislates que día sí día también van soltando nuestros tontos del pueblo? Pues cuando se nos acabe la santa paciencia que se nos aconseja y aunque sea con la mano floja les contestemos, cual Ruíz Mateos… ¡que te pego, leche!

Su belleza, su capital
Fecha 12 abr, 2013
Qué suerte tuvo Marilyn Monroe de morir a los 36 años, en la cúspide de su belleza. Gracias a ello el icono que es permanecerá por los siglos de los siglos. Alguien dirá que a James Dean le ocurrió otro tanto. Cierto, pero, ¿dónde va a parar la popularidad de que goza la rubia más seductora con la discreta fama del rebelde sin causa? De hecho, las actrices inmensamente bellas murieron hace mucho tiempo. Brigitte Bardot, aquella mujer creada por dios para perdición de los hombres murió en 1958 cuando protagonizó En cas de malheur . Y lo mismo podría decirse de Marlene Dietrich, que murió poco después de 1933, porque ¿quien recuerda algo de lo que hizo después del Angel Azul y El expreso de Shangai? Ni siquiera su aparición en Sed de mal (1958) le devolvió la aureola de Lola-Lola. Y Greta Garbo murió en 1940 después de Ninotchka, y Ava Gadner en 1964 después de La noche de la iguana y así podríamos seguir indefinidamente con Rita Hayworth, Jane Russell, Audrey Hepburn, Sofía Loren y tantas otras que ya sólo quedan en nuestro recuerdo -aunque algunas vivan todavía- en el esplendor de su belleza. Si Sara Montiel hubiera muerto después de La Violetera (1964) habría quedado como un icono de belleza racial, admirada por todos, y se habría ahorrado 50 años de patetismo, arrastrando botox y novios inventados por esas pantallas de dios. Lo mejor que le puede pasar a una actriz cuya belleza es todo su capital es morirse joven. En cambio, ahí tenemos a Sean Connery, que con 83 años aún anuncia la firma Vuiton como un aventurero incansable. O Robert de Niro, que con casi 70 aún gallea a veces con alguna dama. O Jeremy Irons, Jack Nicholson, Bruce Willis, todos ya maduritos, y en cambio encarnando todavía a tíos duros. Eso por no hablar de Paul Newman, trabajando ya ochentón hasta poco antes de morir, o Clint Eastwood que con casi ochenta triunfó con Gran Torino… en fin, la lista sería muy larga. Mientras ellos maduran con dignidad y muestran sus arrugas, sus canas y sus flaccideces con naturalidad, ellan deambulan por las pantallas disimulando apenas la silicona de los labios o intentando que no se vean los estragos del lifting. Si para las mujeres en general está prohibido envejecer, para las actrices y famosas es, literalmente, mortal, pues a la que una actriz deja de tener la piel tersa y el busto erguido siempre habrá una más joven, más guapa, más maciza y más dispuesta a enseñar sus encantos para sustituirla. Mientras lo único que se valore de las mujeres sea la belleza, lo mejor que le puede pasar a todas aquellas que pretendan pasar a la posteridad es imitar a Marilyn. Efectivo, barato y definitivo.

Bendita crisis
Fecha 7 abr, 2013
Y digo lo de bendita consciente de todos los dramas que la crisis ha producido: desahucios injustos, trabajadores despedidos, dependientes desatendidos, familias empobrecidas, pedigüeños excluidos, jóvenes desesperanzados, futuro incierto. Pese a todos estos problemas, la sociedad ha sido tan fuertemente sacudida y zarandeada por todos los lados que a ver quién va a ser el valiente que se va a atrever a continuar contándole cuentos: vótenos que le vamos a sacar de la crisis, si nos elige a nosotros vamos a crear un millón de empleos, España va bien, aquí no pasa nada. La gente creo -quiero creer- que ha despertado del limbo en el que dormitaba, mecida por los arrullos de la prensa rosa, los tomates, los sálvames o las norias insustanciales. Bendita crisis porque los medios de comunicación parece que se han dado cuenta de que lo que tienen que hacer es informar de las cosas que importan, de las dificultades cotidianas, investigar en esos parajes donde parecía que no pasaba nada (¿recuerdan el oasis catalán?). ¿Dónde estaban los medios cuando Pascual Maragall dijo aquello del 3% que quedó como si no hubiese dicho nada ? Y esto era en 2005, momento en que todos vivíamos narcotizados a ladrillazos… ¿dónde estaban los jueces, que tendrían que haber iniciado investigaciones de oficio? ¿dónde los intelectuales con tribunas y los comentaristas con púlpito? La corrupción masiva a cuyo destape asistimos, estupefactos, ¿es de ahora? Si todos dormíamos el sueño de los justos en los años en que se gestaba la crisis, ahora hemos despertado en medio de una brutal pesadilla. Pues bien, bendita crisis si sirve para que los medios de comunicación vuelvan a dedicarse a lo que deben, a hablar de cosas serias y no a banalidades; bendita crisis si los jueces imputan a todos cuantos hayan podido incurrir en delito monetario, fiscal o de guante blanco sin importar cuán alta sea su cuna. Bendita crisis si los intelectuales y comentaristas dejan de discutir de las bragas de Belén Esteban y analizan y diseccionan los muchos y graves problemas que tiene planteados las sociedad planetaria, internacional, estatal, regional, local o pedánea. Bendita crisis si la sociedad deja de chutarse con telebasura y se informa bien y sale a la calle cuando sea necesario a protestar, a gritar, a pedir, a reivindicar. Hay muchas cosas por las que vale la pena desgañitarse. A ver si Mariano Rajoy y sus ministros se enteran de algo. La inopia en la que vive el presidente y sus secuaces es un insulto a toda la sociedad. Pero eso es materia de otra columna. Bendita crisis si nos ha hecho comprender que la vida no es un anuncio de televisión.